Introducción al Corpus
Volumen 1
por Ian Graham (1975)
Al escoger el título Corpus, en lugar de Colección u otro título, se rinde homenaje a August Boeckh, el pionero quien en 1828 inició el gran Corpus Inscriptionum Graecarum. Hoy, casi ciento cincuenta años más tarde, continúan siendo publicados volúmenes en la serie que tuvo su origen en esta obra.
El título también recuerda a Sylvanus Morley, otro incansable recopilador, quien sin lugar a dudas tuvo en mente al CIG al titular su mimeografiada lista de inscripciones Corpus Inscriptionum Mayarum.
En la presente obra el latín ha sido abandonado en el título, pero aparece en la dedicatoria, porque he apropriado una frase de Boeckh dedicada a F. A. Wolf, su respetado mentor.
Aunque esperamos que la realización de este Corpus tome algo menos de un siglo, la obra está ambiciosamente concebida y justo honor se debe a la persona primordialmente responsable por su inicio, el señor Edgar H. Brenner. El Sr. Brenner, abogado y aficionado a los estudios mayas, persuadió en 1968 a la Fundación Stella and Charles Guttman de Nueva York, de la cual es depositario, para que comisionara un estudio preliminar que hiciera recomendaciones en cuanto a la forma, contenido, y métodos técnicos necesarios en la recopilación de un Corpus y al mismo tiempo hacer un cálculo sobre la magnitud de la empresa.
La tarea de administrar el estudio piloto fue tomada por el Centro para Relaciones Interamericanas de Nueva York, el cual nombró un comité asesor con tal propósito. En el transcurso de su existencia, el comité estuvo formado por los siguientes miembros: Dr. Ignacio Bernal, en esa época director del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Sr. Edgar H. Brenner de la Fundación Stella y Charles Guttman, Sr. Stanton L. Catlin, del Centro para Relaciones Interamericanas, Dr. Michael D. Coe, de la Universidad de Yale, Dr. Gordon F. Ekholm, del Museo Americana de Historia Natural, Dr. Luis Lujan Muñoz, director del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Dr. Floyd Lounsbury, de la Universidad de Yale, Srta. Tatiana Proskouriakoff y Dr. Gordon R. Willey del Museo Peabody y Dr. Stephen Williams, director de dicho museo.
Al entregar el autor su reporte al comité, se iniciaron los planes para la producción del Corpus. El problema de una base institucional fue resuelto cuando a principios de 1970 el Museo Peabody ofreció tomar la responsabilidad del proyecto. Esto resultó ser el arreglo más adecuado en vista de los incomparables archivos fotográficos de esculturas mayas que se conservan en el museo, que incluyen los archivos del antiguo Departamento de Arqueología de la Institución Carnegie de Washington.
Habiéndose comprometido la Fundación Guttman a prestar más apoyo económico se solicitó una donación igual a la National Endowment for the Humanities, los cuales fueron concedidos para los años 1971 y 1972. Fue en esta época que el Dr. Eric von Euw se unió al proyecto y se inició en el doble misterio de los jeroglíficos por una parte y por la otra, el manejo de mulas.
Ahora, con el comienzo de la publicación del Corpus, existen ciertas formas de diseño y ejecución que me gustaría delinear. Aquellos que se proponen hacer uso de esta obra quizás estén ansiosos de saber cuál será su alcance, cómo está organizada y que técnicas y patrones se han adoptado, ya que estas no son evidentes por sí mismas.
Este puede expresarse sucintamente. Primera: en cuanto a los medios en los cuales se conservan los textos mayas, todos ellos, excepto los códices y la cerámica, quedan dentro de los límites del Corpus. Inscripciones en jade, concha, hueso, madera, estuco, y pinturas murales serán incluidas, así como aquellas talladas en piedra, las cuales forman la mayoría.
Segundo: no se han establecido límites geográficos específicos; cualquier objeto que lleve escritura de caracteres predominantemente mayas cae dentro de la esfera del Corpus.
Tercero: cuando los jeroglíficos están acompañados por arte representativo, el diseño completo será registrado. En raras ocasiones un objeto sin inscripciones será incluido, como por ejemplo en el caso de un lintel sin inscripciones que pertenezca a un conjunto cuyos otros miembros tengan jeroglíficos. No nos proponemos ofrecer comentario alguno sobre las inscripciones, pues embarcar aunque fuera en un simple análisis atrasaría seriamente el progreso del trabajo de campo y de publicación. Otros factores considerados en esta decisión son el aumento en tamaño y costo que un comentario impondría sobre estos volúmenes y la reflexión de que con el tiempo esta materia adicional inevitablemente se volvería anticuada y llegaría a convertirse en un obstáculo en una obra aun vital como referencia.
Tampoco es nuestra intención incluir en estos volúmenes cualquier relación de las excavaciones menores que son ocasionalmente necesarias al documentar un monumento, ni existirán notas sobre arquitectura o colecciones de tiestos recolectados durante nuestro trabajo en los diversos sitios arqueológicos. Estos se publicarán separadamente.
El Sr. Brenner sugirió durante las primeras etapas del proyecto organizar el Corpus en hojas sueltas. Esto permitiría a la persona que lo use juntar si prefiere todas las hojas concernientes a un mismo sitio, algunas de las cuales por varias razones serán publicadas a lo largo de varios años y por lo tanto esparcidas en diversos volúmenes. La posibilidad de poder extraer las hojas de los volúmenes para usarlas en determinados estudios ayudaría de otra manera al lector, evitando a cierto grado el desorden ocasionado al tener que trabajar con un numero innecesario de libros.
Fue aceptado que tal plan puede ofrecer verdaderos beneficios a los que usen el Corpus, particularmente a individuos, ya que dudamos que bibliotecarios encuentren muy agradable el prospecto de varios volúmenes de una publicación en hojas sueltas. Por lo tanto, el Corpus ha sido diseñado para varios usos. Al publicarse, las páginas estarán encuadernadas, pero estas podrán ser cortadas y guardadas en carpetas si así se prefiere.
Esta opción ha impuesto ciertos límites en al diseño, siendo el más importante la asignación de dos páginas, el recto y el reverso de una hoja, para cada monumento u objeto (aunque en algunos casos más de una hoja será necesaria para un solo monumento). Si se hubiera considerado solo un tipo permanente de encuadernación hubiera sido lógico usar pares de páginas, una frente a la otra colocando las fotografías en una página y los dibujos en la otra. Se verá que, como es importante facilitar la comparación entre las fotografías de una pieza y los dibujos correspondientes, en la mayoría de los casos los dos están impresos en la misma hoja.
El tamaño grande de las páginas está subordinado a la decisión de acomodar en ellas las fotografías de todos los monumentos, salvo las estelas excepcionalmente altas, a una escala fija de 1:10 sin tener que usar hojas dobladas, así como por la necesidad ya mencionada de poner pares de dibujos y fotografías lado a lado en la misma página (con algunas inevitables excepciones.)
Encabezando cada página aparecerán dos números impresos en caracteres arábicos separados por dos puntos. Estos serán los números que deben citarse en cualquier referencia. Es oportuno sugerir aquí que en toda referencia hecha al Corpus, los nombres de los recopiladores, así como la fecha, sean omitidos y la abreviación CMHI sea usada, seguida inmediatamente por el número completo de la página.
La manera en que las hojas sueltas se arreglan se deja a discreción de la persona usando el Corpus: los sitios pueden ser agrupados en orden alfabético, por áreas geográficas o usando cualquier otro criterio. Para facilitar este uso del Corpus cada hoja esta identificada por la clave impresa encima del número de la página; esta consiste del nombre abreviado del sitio, seguido por números romanos para la materia preliminar: mapa, plano del sitio, etc. o por la designación del monumento u objeto. El método de encontrar una hoja suelta en una referencia de volumen y página se describe en la nota (1).
El contenido de varios volúmenes será inevitablemente algo heterogéneo pues de lo contrario la publicación se atrasaría hasta que todo el trabajo de campo fuera completado. Idealmente, cada volumen consistiría en su totalidad de monumentos provenientes de un solo sitio arqueológico grande o abarcaría sitios pequeños dentro de un área definida. Quizás no habrán muchos volúmenes que se acerquen a este ideal, pero en ningún caso tomaremos el camino opuesto de ofrecer información miscelánea porque simplemente esta ya lista.
Todos los volúmenes excepto el presente serán emitidos en tres partes o entregas. Esperamos así evitar las demoras ocasionadas por la necesidad de acumular suficiente material de un área geográfica para completar un volumen, así como conservar flexibilidad en el trabajo de campo. Nuestro plan es concentrarnos en cada volumen en uno de los cinco sectores del área maya, es decir: Yucatán, Tierras Bajas Centrales, Chiapas y el Río Usumacinta, el Altiplano y la Costa del Pacífico, el Desagüe Inferior del Río Motagua. Los volúmenes dedicados a estas áreas no aparecerán en una secuencia regular; dentro de cada volumen el contenido de una parte será limitada a subáreas tales como el Desagüe del Río de la Pasión o el Noroeste de Yucatán.
Un servicio modesto que el Corpus puede prestar es el de traer uniformidad a la nomenclatura de bloques jeroglíficos y monumentos. Yo añadiría también los nombres de los sitios arqueológicos si hubiera alguna esperanza de aclarar de una vez por todas las controversias que existen con respeto al nombre más apropiado para varios sitios (Moral o Morales, Benque Viejo o Xunantunich) o quizás aun la mejor forma ortográfica de escribirlo (2). En general el curso de acción en cuanto a los bloques jeroglíficos será el de asignar letras y números a cada uno de ellos, hasta donde sea posible de conformidad con la nomenclatura existente; una forma abreviada de referencia para todos los tipos de monumentos y sitios será también sugerida (3). Esperamos que esta terminología se juzgue conveniente para usar en tabulaciones. Los nombres de todos los sitios con inscripciones en piedra han sido reducidos a claves de tres letras. Estas y abreviaciones para ciertas clases de monumentos se encuentran en el Apéndice "A". Un monumento puede de esta manera ser especificado citando la clave en letras mayúsculas seguida por dos puntos, la abreviación sugerida para el tipo de monumento y un punto final, y por último el número del monumento. Este puede ser seguido después de una coma por la designación del bloque jeroglífico, por ejemplo: YAX: Lnt.48, Al-B2.
La lista de los sitios arqueológicos y sus claves se encuentra en el Apéndice "A". Esta lista será impresa con todas las adiciones necesarias en cada tercer volumen junto con un índice para ese volumen y para todos los volúmenes anteriores. Objetos careciendo de procedencia serán numerados en una clase separada: "Colecciones" y tales piezas serán incluidas en partes que parezcan apropiadas basándose en su probable origen.
Aunque la escala de reproducción para la fotografía principal de un objeto entero será con muy pocas excepciones de 1:10 y normalmente el mismo tamaño para el dibujo, en esculturas con detalles muy finos o con jeroglíficos muy pequeños, la escala del dibujo será aumentada. Para el epigrafista una de las ventajas de hacer dibujos lineales es que fácilmente se hacen fotocopias bastante claras que a su vez se pueden cortar y arreglar de cualquier manera; sin embargo, son menos satisfactorias cuando los dibujos de los bloques jeroglíficos son de menos de uno o uno y medio centímetros de altura. Como un caso extremo pueden citarse los jeroglíficos del Dintel 2 de Piedras Negras, que si se reprodujeran usando la escala de 1:10 medirían 2.8 mm. por 3.4 mm.
Desde su origen tres objetivos se han considerado como los principales del proyecto: exactitud, claridad, y que su alcance sea el más completo posible. Muy pronto se hizo aparente que las dificultades en alcanzar estas metas son bastante desiguales. El alcance depende del continuo soporte económico más que de cualquier otro factor; la claridad puede ser asegurada a través del uso de buenas técnicas fotográficas y la cuidadosa preparación de dibujos lineales; la dificultad crucial se encuentra con el tercer objetivo, exactitud. Aquí uno está comprometido a reconocer que no existe la posibilidad de obtener exactitud completa al transcribir nuestro material y esto debe ser enfatizado, aunque exactitud se mantiene como la meta que se procura constantemente de alcanzar.
Como primer paso en este camino la decisión fue hecha de evitar (considerándolo como demasiado arriesgado) cualquier intento de restaurar en esculturas áreas gastadas o destruidas. Esto se deja al criterio del lector. Pero aun así sería un error suponer que limitando la atención a aquello que todavía existe, el proceso de selección o juicio ha sido eliminado. Por el contrario, tanto como la delineación correcta de los trazos de relieve sobrevivientes en una escultura es un requisito obvio, así también es la omisión de todos los elementos que deben su existencia al capricho de la erosión. En este caso, un discernimiento es necesario y la recurrente necesidad de distinguir entre lo auténtico y lo accidental (o espurio) pronto forza a aquellos empeñados en grabar inscripciones gastadas por la intemperie a reconocer su cuasi-analfabetismo en jeroglíficos como una severa desventaja. Al estudiar las líneas tenues de una superficie picada o el diseño formado por hoyos en la piedra hace recordar casi inconscientemente jeroglíficos ya conocidos. Demasiadas veces no se encuentra algún diseño conocido y menos aún uno que restablezca la confianza al saber que encaja en el contexto. Sin embargo siempre existe la posibilidad que en luz de futuras investigaciones los mismos detalles borrosos puedan proveer una lectura que aparecerá entonces bastante obvia. Por consiguiente, es imperativo grabar todos los jeroglíficos erosionados tan eficazmente como sea posible (5).
La seguridad de que nuestro registro será imperfecto debido a muchos errores, nos hace incómodamente consientes de ciertas responsabilidades. Nos apresuramos a renunciar el carácter definitivo de estos dibujos, siendo estos solo guías convenientes, no estando el epigrafista obligado en ningún caso a depender de ellos. Las fotografías y dibujos aquí publicados no se presentan en una base de “los toman o los dejan”, sino que, como la punta de un iceberg, están sostenidos por una masa sumergida de datos inéditos que se están acumulando en el Museo Peabody y que están al alcance de aquellos que tengan puntos específicos que clarificar. Nosotros consideramos la formación de este archivo como una meta no menos importante que el de publicar los volúmenes.
El sistema de medidas dadas para las estelas y la anotación abreviada que se usa para las dimensiones están explicadas en el Apéndice "B". Es posible que el alcance de esta información se considere pobre y escasamente más ambiciosa que la de Wordsworth, quien en su reporte sobre una pequeña excavación en su poema "La Espina", edición de 1798, escribe: "yo lo he medido de lado a lado/ tiene tres pies de largo y dos pies de ancho."
Como la ubicación de la mayoría de los sitios mayas no se conoce con exactitud, no nos parece apropiado, al empezar esta obra, publicar un mapa de toda el área maya indicando los sitios arqueológicos. Sin embargo, durante las visitas a cada sitio arqueológico los recopiladores invariablemente tratan de establecer su verdadera situación, la cual se indicara en el mapa que se encuentra en las páginas de introducción para ese lugar (6). Estos mapas están dibujados a una escala de 1:125,000; posiblemente esta escala parezca extraía a cartógrafos profesionales pero tiene la ventaja de facilitar la transferencia de la localidad dada a los mapas oficiales de México, Guatemala, y Belice. Ya que estas escalas son de 1:250,000 (Guatemala y Belice) o de 1:500,000 (México), solamente es necesario medir para un sitio las intercepciones de un meridiano y un paralelo de latitud y sacarle la mitad o la cuarta parte según sea el caso, para proyectarlo en los mapas de escalas más pequeñas.
La escala de 1:2,000 ha sido escogida para planos de los sitios arqueológicos. Cuando existan planos exactos que estén disponibles, estos serán nuevamente publicados o dibujados y si es necesario simplificados o reducidos en lo que abarcan. Pero en la mayoría de los casos los planos fueron obtenidos a base de mediciones hechas deliberadamente por los recopiladores usando compas y metro, suplementados ocasionalmente por datos de planos publicados por otros trabajadores. Nuestros lectores quizá no requieran advertencia de que la más alta exactitud no debería esperarse en planos hechos de tal manera, ya que el propósito primordial de nuestra empresa—acumular inscripciones antes que desaparezcan—nos evita dedicar semanas o meses a la medición cuidadosa de lugares grandes.
Los símbolos empleados en los mapas y pianos aparecen en el Apéndice ''B''.
Se espera que el número de referencias a otros trabajos hechos en esta publicación será bastante pequeño. En vista de esto y de la progresiva y desordenada secuencia de publicación, así como los sistemas alternativos de encuadernación que se han propuesto, el problema de colocación de las referencias bibliográficas que ocurren en páginas dedicadas a monumentos, se resuelve mejor colocándolas en las misma plana, en el texto mismo o como notas al pie de la hoja. En estas páginas alusiones a Maler, Morley, y Maudslay no serán sustentadas por referencias bibliográficas, cuando los pasages concernientes se encuentren en los Memoirs of the Peabody Museum, The Inscriptions of Peten o Biologia Centrali-Americana, en la sección del trabajo dedicado al monumento en cuestión, eso es, en el lugar más obvio.
1. Se recomienda a aquellos que han optado por usar las hojas sueltas que mantengan carpetas separadas para las tablas de contenidos e índices de todos los volúmenes y para la lista de claves de los sitios más recientemente publicada. Si se necesita encontrar una referencia hecha a un volumen y a una página, será simple identificar el sitio y el objeto en las tablas de contenidos y luego buscar la hoja en la carpeta en que el material para ese sitio se ha reunido.
En Chichen Itzá, la mayor parte de las inscripciones están designadas por nombres descriptivos—Casa Colorada, Templo de los Cuatro Dinteles, etc.—y con algunas variantes lo mismo es cierto en otros sitios. Estos no caen en ningún orden natural, como lo hacen monumentos en sitios donde se encuentran solamente estelas y altares en series numeradas. Si se va a evitar confusión y pérdida de tiempo buscando una página en particular se debe establecer un archivo para los monumentos de cada sitio. Este es proveído por el Registro de Inscripciones que viene al final de la materia de introducción para cada sitio.
2. Al escoger entre nombres alternativos o la mejor ortografía, usualmente se ha dado preferencia a la forma más comúnmente aceptada, en lugar de las versiones que pudieran ser pedantemente correctas. Así Seibal escrita con una 'S' queda retenida, ya que está firmemente establecida en la literatura como para cambiarla. En cualquier caso, de acuerdo con las reglas de ortografía española esta escritura no es objetable para una palabra de origen caribeño, ya que se emplea en el nombre de lugares como Seiba Mocha, Cuba, y Seiba Playa, Campeche.
Los acentos han sido omitidos en todos los nombres de lugares mayas. En muchos nombres la 'h' ha sido retenida para sonidos aspirados en lugar de la 'j' española, que es más gutural, a menos que un uso bien establecido dicte lo contrario como en el caso de Kaminaljuyu. El único cambio substancial concierne al sitio previamente conocido como Yaltitud. Esta equivocada versión españolizada ha sido descartada en favor de Yaltutu, un término usado para nombrar varias localidades en el Petén (aparentemente se refiere a una abundancia de caracoles de agua dulce en esos lugares).
Algunas dificultades aparecen en la designación de bloques de jeroglíficos. Una de ellas está representada por escultura fragmentaria en la cual falta el comienzo del texto. A este bloque no se le puede aplicar el plan normal de letras y números empezando desde el primer jeroglífico sobreviviente, porque el subsecuente descubrimiento de otro fragmento podría requerir una nueva designación, lo cual debe evitarse a todo costo. El curso que seguiremos en el Corpus para textos fragmentarios de esta clase y que no tengan una designación establecida, será el de agregarles la letra 'p' (provisional) como prefijo a cada columna-letra o fila-número si existe la posibilidad de que las columnas o filas precedentes se hayan perdido. Así, en un fragmento que carece de su orilla izquierda original, la numeración comenzará con pAl, pBl, etc. Si existe alguna duda acerca del número original de filas como en el caso del fragmento inferior (con ancho original) de un panel todo jeroglífico la 'p' precederá el número solamente de esta manera: Ap1, Bpl, etc. Con esta anotación se aclara la naturaleza provisional de la designación.
Si tras descubrir un nuevo fragmento, el cual todavía no forma el comienzo del texto, es necesario revisar la designación aún provisional para un bloque jeroglífico, puede ser identificado por el uso de la letra 'q' en vez de 'p'.
Otra dificultad es que una serie alfabética y numérica tiende a implicar el orden correcto de lectura, aunque en efecto esto casi siempre es el caso. El procedimiento usado por Morley era encontrar la fecha de apertura para empezar la designación de letras con la columna en que ésta se encontraban y proceder entonces de izquierda a derecha. Sin embargo puede haber dificultades en el caso de un panel aislado de jeroglíficos. Algunas veces es posible reconocerlo como la continuación de una columna que simplemente ha sido interrumpida por algún diseño no jeroglífico; en otros casos claramente no forma parte del texto principal pero podría ser un epígrafe relacionado con una figura subsidiaria o alguna otra clase de materia secundaria.
Para tales situaciones Linton Satterthwaite ha trazado un plan que se está aplicando, cuando es necesario, a los monumentos en Tikal. El texto principal recibe la designación convencional. Los paneles o textos secundarios son identificados por letras al final del alfabeto y los jeroglíficos en ellos están designados normalmente, sólo que las columnas (A, B, C, etc.) llevan como prefijo la letra dada a ese texto (en minúscula). Una ilustración de este caso es suplido por el Altar 5 de Tikal. Dos paneles no marcados por Morley (una fila y una columna) están cercados por la banda jeroglífica identificada por él. Ahora están designados como Panel Y y Panel Z y contienen los bloques jeroglíficos yA1-yA4 y zAl, zA2.
A pesar de ser éste un sistema de nomenclatura tan bien concebido, los recopiladores del Corpus han decidido no adoptarlo porque creemos que el peligro de crear una complejidad adicional y de incorporar o separar erróneamente a un grupo del texto principal excede las ventajas que el sistema posee. No obstante, las designaciones serán aplicadas de tal manera que correspondan cuando sea posible con el orden aparente de lectura. A los lectores del Corpus se les pide que consideren estas designaciones en primer lugar como meros indicadores de posición de los jeroglíficos en las ilustraciones y sólo después y para cada caso en particular decidir si (o hasta qué grado) son guías válidos para el orden de lectura del contenido de los bloques.
3. Desafortunadamente no pudieron usarse claves que conforman con cualquier sistema uniforme de designación de lugares (Rowe 1971), principalmente porque su única justificación en este contexto—su brevedad—se perdería y también porque en muchos casos no existen datos geográficos suficientes. Las claves ideadas aquí poseen la gran ventaja de ser derivadas de los nombres comunes de los sitios y por lo tanto son generalmente fáciles de reconocer. Existen pocas instancias en las cuales letras claves "innaturales" tuvieron que ser escogidas para evitar confusión entre sitios de nombres similares. Se ha permitido por ejemplo que la clave ambigua, YAX, designe a Yaxchilan, a pesar de la posibilidad de confusión con Yaxha, ya que la gran cantidad e importancia de la escultura de Yaxchilan justifica usar ahí la clave más obvia.
4. La técnica y los problemas en fotografía no se discutirán aquí, especialmente porque no son de carácter estático, sino que evolucionan de un año al otro. Así pues tengo la esperanza de que se note un mejoramiento en la calidad de las fotografías a partir del Volumen 3 como consecuencia de cambios en la técnica de iluminación. Una discusión de este tema se contempla para publicación en otra parte. Por el momento es suficiente decir que las fotografías son tomadas generalmente con luz artificial de tal manera que en exposiciones sucesivas se alumbre de diferentes direcciones, el eje del lente fotográfico mantenido siempre perpendicular a la superficie esculpida.
No hay mucho que se pueda decir acerca de la técnica del dibujo y hay poca esperanza en cuanto al adelanto de esa técnica durante el progreso del Corpus. Sin embargo hay algunos comentarios que se pueden hacer que influyen en la interpretación de los dibujos.
Nuestros dibujos están trazados en hojas de Mylar polyester, basados en calcos hechos de fotografías impresas a una escala de 1:4 (o más grandes, cuando el dibujo se va a reproducir a una escala mayor que de 1:10). Para los detalles incorporados en el dibujo se ha dependido a gran grado en dibujos hechos a lápiz en presencia de la escultura original; éstos son siempre verificados en la oscuridad de la noche usando luz artificial arreglada de tal manera que ilumine a la piedra oblicuamente y en varias direcciones para hacer resaltar las más tenues huellas del relieve. La Figura 1 se presenta aquí para mostrar como diferentes rasgos de una superficie labrada aparecen con diferentes iluminaciones, así como para indicar la necesidad de la colocación de la cámara exactamente perpendicular al área fotografiada para evitar deformaciones.
Además de los dibujos de campo y las fotografías hay otros recursos que se pueden utilizar en la ejecución de la versión final del dibujo, tal como maquetas de yeso (especialmente valiosas en el caso de dinteles en situ o de esculturas con superficies curvas como la Estela 35 de Naranjo) así como viejas fotografías que muestran detalles esculturales o aún fragmentos enteros ya desaparecidos.
En general existen dos maneras de representar un relieve en papel, ya sea con pluma o con lápiz. Una técnica aspira a dar un efecto natural, simulando la textura de la piedra y el juego de la luz sobre ella, usando eficazmente el punteo o el rayado; la otra es un dibujo lineal que no pretende más que ser esquemático, sin sugerir ni plasticidad ni iluminación desde una dirección en particular. Esta última es la técnica adoptada en este trabajo. Además de requerir menos talento artístico, el dibujo lineal tiene la ventaja de contener más información en un área dada. Esto resulta importante porque en el cuerpo de escultura maya hay piezas tan finamente talladas que hacer la versión realística a una escala más reducida resulta infactible, si los detalles más mínimos no se han de perder. Aún en un dibujo lineal, existen dificultades con áreas marcadas con rayas cruzadas en las cuales las líneas están separadas por menos de 2 mm en el original, media milímetro a escala de calco o un quinto de milímetro en reproducción.
Normalmente en bajo relieves mayas lo convencional parece ser que las figuras están grabadas ante una pared lisa o un cielo claro, representados por una superficie hundida. El fondo de los jeroglíficos, aunque estos estén grabados en un panel elevado o estén aislados en un marco, es también liso. En donde un glifo contiene una apertura, ésta se encuentra al nivel general del fondo. Por lo tanto el dibujo lineal se presenta claramente si el fondo es punteado. En el Corpus la densidad del punteo se usa para representar la probabilidad de que ninguna figura haya sido tallada en esa área. Por ejemplo, si en el área rodeando un penacho parte del fondo liso está picado, un punteo menos denso será usado, porque la existencia pasada de algún detalle, tal como un par de glifos incisos o una pluma, no se puede descartar completamente. Además el fondo punteado tiene la ventaja de poder representar el perfil gastado de un glifo u otro elemento en cualquier grado de vaguedad deseado.
Ocasionalmente hay dificultades con la aplicación de punteo. Las dudas más comunes y más serias son con la interpretación de pequeñas superficies hundidas: ¿simbolizan hoyos en el objeto representado o son meramente depresiones en é1? Cuando hay incertidumbre lo mejor es dejar el punteado a un lado, indicando el relieve de la siguiente manera: si se mira cuidadosamente cualquier fondo punteado en este trabajo se notará que la línea que encaja el área (una orilla de relieve saliente) está reforzada con puntos espaciados estrechamente a lo largo del lado bajo o punteado. De igual manera, en la ausencia del punteado, una fila similar de puntos tocando una línea de un lado significa que en ese costado la superficie se inclina. Esta anotación, sin embargo, se empleará solamente cuando existen dudas sobre la interpretación de un pasaje.
Hasta donde sea posible, el estilo de la escultura original se ha conservado en el dibujo lineal, haciéndose un esfuerzo consciente de contener cualquier tendencia a suavizar curvas erráticas o eliminar otras señas de pobre ejecución. Los dibujos lineales son deficientes en un aspecto importante, pues no transmiten la calidad particular de redondez, o falta de ella, en el relieve. Para dar un ejemplo, la sección transversal del cartucho u orilla de un glifo es a menudo como se representa en la Figura 2. No obstante, ciertos escultores, rechazando el uso de una línea interior incisa trabajaron cuidadosamente la piedra hasta formar otra sección transversal, Figura 3. La diferenciación entre éstas dos en un dibujo a pequeña escala, cualquiera que sea la técnica usada, sería una prueba de habilidad para cualquier dibujante, pero en un dibujo lineal esta labor es simplemente imposible. Por lo tanto la calidad del relieve debe ser juzgado a base de las fotografías (véase también la nota 5).
Para representar una línea cuyo curso (o aún su existencia) es incierto usamos una línea punteada, con el grado de incertidumbre expresado por el esparcimiento de los puntos. Líneas sólidas por lo tanto son usadas solamente para figuras de cuyas formas no existe duda alguna. Aunque parece ser un principio bastante simple, es uno que difícilmente se puede mantener riguroso. El dibujante (para su consternación) se encuentra repetidamente con la humillante evidencia de su propia presunción, como cuando al terminar de dibujar una escultura en buen estado, descubre una fotografía antigua mostrando la misma pieza en condición prístina; muchas de las líneas sólidas contienen pequeños pero posiblemente importantes defectos.
Para poder distinguir entre las líneas que llegan a un final definido y otras que están interrumpidas por la erosión o por quebraduras, éstas últimas están rematadas en el dibujo con un punto que quizás no pueda ser notado sin el uso de un lente de aumento.
Un pequeño problema representando relieves esculturales por medio de dibujos lineales resulta por el desplazamiento de líneas que puede ocasionar la erosión. Mientras que sería presuntuoso afirmar que las líneas son dibujadas para que correspondan con cualquier punto precisamente determinado sobre el borde del relieve, puede decirse que el punto se encuentra aproximadamente a medio declive o quizá un poco más arriba. La erosión puede causar un desplazamiento en cualquier dirección. Si las áreas elevadas han sido preferencialmente gastadas dejando el fondo sin afectar, el resultado de un descascaramiento u otros procesos no comprendidos como en la Estela 23 de Naranjo, por ejemplo, entonces el pie del relieve permanecerá claro justificando una línea sólida en el dibujo, aunque esta línea haya sido desplazada hacia afuera (b en la Figura 4). En contraste, los productos ácidos de la descomposición de musgos y humus atacan a la piedra más uniformemente, produciendo como consecuencia un movimiento hacia adentro de la línea aparente (c en la Figura 4). Consecuentemente una pluma u otro elemento angosto aparecerá bien distintivo, pero habrá sufrido una atenuación considerable. Quizás sea aún más notorio el vacío que aparece entre elementos, como entre el signo principal jeroglífico y los afijos que una vez hicieron contacto con él.
Puntos representados por hoyos taladrados en las esculturas son un elemento común en los diseños mayas y en las piedras gastadas por la intemperie se confunden fácilmente con huecos causados por la erosión. Los puntos sobre los cuales no existe duda alguna están representados en estos dibujos por puntos bien marcados y los dudosos por tres pequeños puntos, mientras que un anillo de autenticidad incierta está representado por cinco o más puntos en un círculo. Se ha hecho el esfuerzo por dibujar el número correcto de puntos o cuentas que aparecen en el arte figurativo y en afijos jeroglíficos tales como T-32 o T-36. El número de líneas, sin embargo, en un área marcada por rayas cruzadas no se reproduce tan cuidadosamente, por tener menor significación.
5. Glifos tallados en piedra de grano fino, con detalles interiores ligeramente esculpidos o incisos, son gastados por la intemperie como perfiles claros alrededor de interiores totalmente en blanco. Estos no son problemáticos en su representación. El caso difícil existe con un glifo tallado profundamente en una piedra de composición burda y dispareja. Si en este caso un elemento significativo se va a reconocer entre las protuberancias y depresiones causadas principalmente por la erosión, será porque la posición de ese glifo en el texto es reconocida. Combinaciones jeroglíficas tales como los Glifos Emblema, glifos Imix-peine-Imix y miembros de cláusulas conocidas pueden ser discernidos mientras que glifos vecinos igualmente deteriorados tendrán que ser representados en blanco en el dibujo. En tales casos el epigrafista del futuro, mejor preparado, quizás se sienta decepcionado por la publicación de sólo una fotografía y un dibujo lineal.
La solución parece estar en la fotografía tridimensional. En la primera publicación emitida, Volumen 2, 1ra. parte, fotografías estereoscópicas son suministradas solamente para los paneles jeroglíficos en el frente de las Estelas 22 y 23 de Naranjo, pero en volúmenes subsecuentes serán proveídas más liberalmente. Se pretende que estos pares estereoscópicos sean examinados con un visor de bolsillo manufacturado para el uso con fotografías aéreas.
Se ha sugerido que si se van a tomar fotografías estereoscópicas, entonces el próximo paso a dar será la fotogrametría. Me parece una sugestión dudosa, ya que el costo de la estereodelineación es bastante alto y no es muy claro que beneficios pueda ofrecer esta técnica en el presente contexto, aún cuando se han hecho alegaciones en favor de ella en conexión con un problema no encontrado en la escultura maya: la separación de inscripciones palimpsestas (Silva y Fernando 1971).
6. Determinar la latitud y longitud de ruinas en la selva por media de tránsito y cronómetro, coma fue intentado por las expediciones de la Institución Carnegie en los años de 1920 y 1930 está acompañada de ciertas dificultades. En aquellos días el origen de serios errores era el cronómetro; ésto ha sido hoy en día casi completamente eliminado, ya que relojes de pulsera de una exactitud no conocida previamente se encuentran disponibles y pueden ser sincronizados por señales recibidas en radios portátiles. Pero otro impedimento persiste. La altura de la Estrella Polar es tan baja en las latitudes de los lugares mayas que las observaciones son sólo posibles si existen grandes áreas despejadas de árboles extendiéndose al norte y al sur o si hay una pirámide alta libre de maleza en su cima. En el transcurso de una temporada de excavación de un sitio a veces se puede cumplir sin mucha dificultad una de estas condiciones, pero es casi imposible despejar los árboles durante una visita hecha con el solo propósito de registrar la escultura.
Por lo tanto, otro método tiene que ser usado. Generalmente el único método factible es hacer un recorrido sobre tierra desde una estación conocida y correlacionar más tarde la trayectoria con fotografías estereoscópicas aéreas. A lo largo del camino se toma a cada minuto la lectura de la brújula junto con notas de rasgos naturales predominantes: pantanos, escarpaduras, arroyos, etc. Datos durante un viaje hacia un sitio pueden ser útiles en dirigirnos hacia una meta en particular, pero son probablemente menos exactos que aquéllos tomados en el viaje de regreso, cuando hay menos obstáculos que superar (muchas veces a fuerza de machete) y consecuentemente menos interrupciones que en la entrada.
Después de que el recorrido ha sido trazado en una escala aproximada a la de las fotografías aéreas, éste tendrá que ser torcido y estirado aquí y allá para que los riachuelos que se cruzaron y las escarpaduras que se ladearon correspondan con las formas que aparecen en las fotografías aéreas. Es entonces cuando las ruinas pueden ser ubicadas. Una persona experimentada puede a menudo reconocer las ruinas por el aspecto de la vegetación alrededor de ellas: los parches oscuros del árbol ramón o sobre la cúspide de los altos montículos, el pálido resplandor de las higueras.
Esta técnica ha demostrado tener buen éxito en el Petén, fallando únicamente en regiones karst donde existen escasos otros contornos geográficos además de colinas y éstas, debido a su abundancia, son casi indistinguibles en su media o en vistas aéreas estereoscópicas.